Hipertensión y running

16 mayo, 2017

El ejercicio aeróbico continuado ha demostrado ser eficaz para controlar las cifras de tensión arterial.

Desde esa perspectiva, será el running quien nos ayude a controlar las cifras de tensión arterial. En ese caso, ¿con qué intensidad? ¿con qué frecuencia?

Los resultados de de distintos estudios nos muestran que el ejercicio aeróbico regular disminuye de media 4/3 mmHg los valores de presión arterial sistólica/diastólica respectivamente, en pacientes con HTA (hipertensión arterial) primaria (aquella que no es consecuencia de otra patología grave). Asímismo, esas mismas cifras remontan si la actividad física se interrumpe o decrece. Por otra parte, los estudios también concluyen que la HTA desciende más tras un entrenamiento de ejercicio intenso que tras varios días de entrenamiento con una intensidad menor.

El efecto beneficioso también se muestra en el resto de los factores de riesgo cardiovasculares. Así, el ejercicio aeróbico ayuda a bajar el colesterol total, aumentando el HDL (conocido como colesterol “bueno”). Además, es determinante para controlar el peso, factor este importantísimo a su vez para tener unos valores adecuados de presión arterial. En definitiva, está indicado tanto en prevención primaria –es decir, para evitar la aparición de factores de riesgo- como en secundaria, cuando ya han aparecido complicaciones cardiovasculares. De hecho, está especialmente indicado a través de las unidades de rehabilitación cardíaca para pacientes que han sufrido un infarto.

Los mecanismos que el organismo pone en marcha durante el ejercicio aeróbico para controlar la HTA no están bien establecidos pero sí si sabe que cuando se practica, disminuye la contracción de vasos sanguíneos –y, por tanto, disminuye la presión- así como el estrés, gracias a la disminución de la actividad del sistema nervioso simpático en el endotelio (capa de tejido que tapiza interiormente el corazón).

Lo más importante es tener sentido común. Es fundamental prevenir y adecuar la intensidad del ejercicio aeróbico a nuestra capacidad. Qué duda cabe que cuánto más intenso sea, mayor necesidad hay de someterse a un control médico que verifique esa capacidad. Las últimas recomendaciones establecen no más de cuatro horas de ejercicio aeróbico por semana, aproximadamente media hora de ejercicio intenso al día (a nivel práctico, que nos permita contestar preguntas pero no entablar una conversación fluida).

Afortunadamente el concepto de salud tiene una dimensión que va más allá de la ausencia de enfermedad. Los factores psicosociales, medio ambiente, hábitos de vida… influyen en el bienestar de la población. Los médicos nos sentimos corresponsables en promover todos estos aspectos y es, en este sentido, fundamental priorizar la prevención frente a la prescripción.

Dr. Julián Ruiz Baixauli.- Medicina Interna Hospital Vithas Nisa 9 d’octubre

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